Expectativas vs realidad

Hay un montón de memes graciosos en la red con estas dos situaciones. Porque, ¿a quién no le ha pasado idealizar algo y que luego no sea (ni de lejos) tan bonito como pensaba? Pues a mí me ha pasado con la maternidad también. Es increíble ver cómo pensaba yo que haría las cosas y cómo las estoy haciendo al final.

Para empezar deciros que no, yo no tenía esa maternidad idílica que dicen por ahí que se vende. Por suerte, mi madre siempre ha sido muy sincera conmigo y se ha encargado de que supiera todo, sus blancos y sus negros, su lado bueno y su lado malo. Así que cuando me quedé embarazada sabia que aquello estaría lejos de ser el mejor momento de mi vida.

El embarazo. La mejor etapa de tu vida. O no.

Pero es que, aún así, las expectativas y la realidad estaban tan separadas… que me sorprendió. Allí estaba yo, esperando ver crecer mi barriga preciosa, pensando que por comer bien y hacer ejercicio solo tendría barriguita y parecería una embarazada monísima. Pues no. Mi cuerpo mutó a una especie de extraño ser ancho por sitios inimaginables y con formas que no sabia ni donde meter. Tampoco te llegas a imaginar lo incomodo que es andar con aquello, los dolores que nadie cuenta, que no puedes ni ducharte en paz, los calores cuando subes dos escalones o el agobio de no poder dormir noche tras noche. Y las hormonas. Qué decir.

Así que me imaginé que sería una mujer embarazada enamorada de la vida, de su barriga y haciendo fotos bonitas y esperando entre suspiros la llegada del bebé. Primer error.

Tu bebé. La paz y tranquilidad.

Luego vino Sofía. Y sí, fue el momento más mágico de mi vida. Y sí, jamás he sentido un amor tan grande. Y no, no es todo tan sumamente rosa. De repente me imaginaba abrazando a mi bebé y con felicidad plena y me vi con los pechos rebosando leche, dolores en todos sitios, agotamiento extremo y lagrimones como mi mano cayendo de mis ojos por el querido baby blues. 

Y puedo seguir. Porque imaginaba que cuando el bebé comenzará a moverse y crecer, podría ser algo más autónomo y yo poder descansar (cinco minutos) mirando como jugaba con sus cositas. Zas. Lo que ocurre es que no juega con sus juguetes, sólo quiere agarrar cosas que le hacen daño, tirar todo lo que se encuentra, trepar por sofás / sillas y subir por las escaleras. Sin parar. Durante todo el día.

Una expectativa tras otra que iba siendo sustituida por una realidad tras otra.

Y aún así, prefieres tu realidad.

Y que quede claro, AMO mi realidad. Amo a Sofía, ir detrás de ella porque está sana, activa y feliz. Amo el haberle podido dar el pecho y el haber pasado un embarazo saludable, con lo mínimo que se puede tener. Pero eso no quiere decir que en mi cabeza todo fuera mucho más… FÁCIL. Porque creo que es la palabra. Fácil.

Así que bueno, soy de las típicas que seguro que en algún momento antes de ser madre dijo cosas del tipo “Yo no haré esto o lo otro” y sé que acabaré haciéndolo. Así que otra cosa más que me ha enseñado la maternidad, que NUNCA puedes decir NUNCA y que mejor no hables de algo si todavía no has pasado por ello.

Sonríe, la realidad sigue siendo una pasada.

Marta

8 comentarios en “Expectativas vs realidad

  1. reiniciacc dijo:

    Jajajajajja! Te acuerdas de la campaña #concursovástagos? Pues éste fue mi tuit:

    Ser madre es como una foto de expectativa vs realidad… toda coincidencia es pura casualidad.
    Si es que no podía estar más de acuerdo. Jejejjeje

  2. Zora Groothuis Arroyo dijo:

    Cierto! Suscribo todas y cada una de las palabras! Por mucho que hayamos escuchado también lo malo de el embarazo y la maternidad, hay un trecho muy largo de lo que escuchamos a lo que en realidad nos cuentan, y de lo que nos cuentan a lo que en realidad luego es… Y como bien dices, eso no quita que no cambiaríamos (casi) nada!

  3. mamalanuguita dijo:

    Que bien lo has descrito. La parte de que cuando crezca y sea autónomo podrás descansar la estoy viviendo justo ahora y… a veces echo de menos cuando se quedaba tumbado y yo podía salir de la habitación un instante sabiendo que al volver seguiría en el mismo sitio. Ahora es impensable, salvo que quiera que me redecore el salón o se tire de cabeza desde el sofá.

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