Mi vida saludable: cómo he llegado aquí

Mi vida saludable: cómo he llegado aquí

¡Buenos días! Hoy vengo con un post sobre vida saludable muy personal: cómo he evolucionado en los últimos años hasta conseguir el que, para mí, es mi mejor momento en cuanto a salud de mi vida.

No quiero ser ejemplo, no quiero ser inspiración, no quiero ser nada con este post. Simplemente quiero que sepas cuál es mi historia, por qué etapas he tenido que pasar y como he ido aprendiendo a vivir mejor poco a poco.

Mi pasado: de la “mala vida” a un trastorno alimenticio.

Mi andadura por los cambios de hábitos comenzó en 2012. En ese momento tenía unos cuantos kilos de más (tampoco demasiados, por genética supongo) y la vida más sedentaria y poco saludable que podáis imaginar. Querer quitarme esos kilos para verme mejor fue el primer paso para cambiar: Y EL PRIMER ERROR.

Pasé de comer comida basura a diario a empezar a quitar todo tipo de alimentos de mi dieta: azúcares, grasas, hidratos de carbono… A coger cuentas “fitness” como ejemplo, comidas super limpias, el “cheat meal” una vez a la semana (comer TODO lo que quieres sin restricción pero solo en una comida)…

Y comencé a adelgazar. Mucho. En un año y medio, y con 22 años nada más y nada menos, me había plantado con un trastorno alimenticio y 48 kg de peso.

¿El problema? La mente. El desconocimiento. El primer error: por qué quería bajar de peso. No era por salud. Ni siquiera por sentirme mejor, hacer más deporte, tener más energía, cambiar hábitos… Era por verme más delgada. Y nunca fue suficiente, siempre quería más.

Levantarme a las 5 de la mañana para hacer deporte en ayunas, apenas comer durante el día, repetir el deporte por la tarde… La culpa si comía algo con azúcar, grasa o menos fitness. Salud y físico NO siempre están de la mano.

Después de tocar fondo, empecé a estudiar.

Y sí, toqué fondo. Quizá una de las veces más duras de mi vida. Una de las situaciones de las que más me ha costado salir y con la que, a día de hoy, sigo luchando a veces. Carlos y mis futuros hijos fueron el motor de mi cambio, como os conté en este post.

Cambié mi por qué: ya no eran los kilos, era LA SALUD.

Quería sentirme sana, quería estar sana.

Así que, como ya no sabía si lo fitness me había llevado allí, si las cuentas con restricción me habían perjudicado, si debía o no comer hidratos, azúcar, grasa… Comencé a estudiar cursos de nutrición. Comencé a aprender de verdad qué necesita nuestro cuerpo y qué no. Qué es sano y qué no.

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Y ahí, en 2015, comencé a vivir mejor.

Aprendí que no debía eliminar grupos de alimentos. Que no debía contar calorías, ni las consumidas ni las gastadas. Que estaba haciendo daño a mi organismo negándole grasas y a mi mente obligándome a ser estricta.

Aún así el cambio fue poco a poco. Ayudada por mi psicóloga, la que me sacó de ese pozo, me fui quitando el miedo a comer. La angustia de la culpa por hacerlo. Fui adaptándome a vivir de nuevo.

Un viaje de tres años…

Hace unos días Carlos me preguntó: “¿Cómo has llegado a estar así de bien?”, simplemente porque estamos comiendo más equilibrado, saludable, variado y mejor que nunca. Y la respuesta fue: “No lo sé”.

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Los cambios profundos, los que se quedan, los que perduran y los que de verdad te hacen avanzar no llegan con un plan detallado de 21 días. Los cambios que de verdad valen la pena llegan con el esfuerzo diario, con los años y con la constancia.

Y, lo más importante, trabajando tu mente. Ella es la culpable y a la vez gracias a la cual vas a lograr las cosas. Dale espacio, escúchate, conócete, respétate. Trabajala con mimo, con cariño, con paciencia. No te machaques, no te culpes. QUIÉRETE.

Si estás intentando ser, estar o vivir más sano, es la mejor decisión que podrás tomar en la vida. Pero también una de las más complicadas. Aprende, estudia y trabaja. Date tiempo, el que necesites.

Cómo vivo ahora.

Después de todo este tiempo he llegado aquí. Pero, ¿dónde es aquí? Te resumo en qué se basa para mí, en este momento, mi salud:

  • Hago deporte semanalmente. Ojo, que no a diario como hacía antes. Tampoco me machaco o me castigo si alguna semana no puedo hacer el que me gustaría. Simplemente, el deporte es una prioridad que intento que esté presente 3 o 4 veces a la semana. No siempre el mismo deporte, ya que no siempre me encuentro igual. Pero sé que cualquiera es bueno, todo cuenta y todo importa.
  • Soy una persona activa en mi día a día. Caminar los 10.000 pasos diarios, ir andando a todos sitios, levantarme de la silla cada hora, jugar con mi hija… No sentarme en el sofá más de una hora al día.
  • Como de todo. Sí, de todo. Cosas NO SALUDABLES también. La restricción total solo me llevó a una de las enfermedades más peligrosas que hay: la de la mente. Así que ahora como de todo, pero en su justa medida. Y sí, también he tenido que aprender cuál es su justa medida con los años y el ensayo error.
  • Soy flexible pero consciente. No me machaco si no como sano, pero sé qué es bueno para mí y que no. No justifico algo poco saludable, simplemente lo consumo sin remordimientos porque sé que el resto del tiempo, me cuido lo suficiente.
  • Organizo mi salud. Ya sabéis que la base de mi estabilidad, es la organización. Dedico parte de mi tiempo semanal a mi salud, porque es prioritaria. Y con ello, a la salud de mi familia.
  • Descanso. Este ha sido el aprendizaje más grande del 2018. Jamás he priorizado el descanso hasta que la falta de él me hizo enfermar. Así que ahora es TAN importante como la alimentación y el deporte.
  • Intento alejar el estrés. Con meditación, yoga o, simplemente, parando cuando noto que las cosas se aceleran y tomándome un vaso de agua con 10 minutos de paz. Pequeños gestos, grandes resultados.
  • Me quiero. A veces más, a veces menos, como todos los seres humanos. Pero me respeto. Intento tener paciencia conmigo misma, aceptarme, entenderme y escucharme. Y todos mis sentimientos son válidos, solo intento trabajar con ellos para sacar lo mejor de mí.

Y sonríe, porque al final de este camino se encuentra la mejor de las recompensas: VIVIR.

Marta

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