Miedos en el segundo embarazo

Miedos en el segundo embarazo

En este embarazo estoy viviendo mucho más lo bonito. Os lo contaba en este post. Sin embargo, cuanto más avanza, más miedos en el segundo embarazo tengo. Y es algo que compartimos Carlos y yo, así que es cosa de dos.

Miedo a que todo vaya bien.

Durante estos dos años de ma/paternidad, hemos conocido muchas historias. Muchas. Y muchas de ellas, historias que no acaban bien. De embarazos complicados, de sorpresas de última hora, de la fragilidad de la vida.

Con Sofía estas historias también existían, pero quizá no habían llegado a mí con tanta intensidad, o yo no las quería aceptar o ver.

Miedo al parto.

Sí, en el primer embarazo también lo sentía un poco. Pero ahora ese miedo es diferente. En el primero me daba miedo el dolor, el sufrimiento, pasarlo mal, no ser capaz de hacerlo, no aguantar…

Ahora me siento segura de mí misma. Sé de lo que somos capaces las mujeres, la fuerza animal que nos sale, el instinto que te hace sobrevivir por ellos. Ahora el miedo es por otras cosas.

Porque el primer parto fue precioso. Un parto para recordar día sí y día también. Un día de dolor físico pero ningún dolor emocional. Solo nervios, ilusión, vida, amor. El mejor día de mi vida hasta el momento, sin duda. Y con más historias que escuchas, más raro te resulta que te haya tocado algo así.

Y piensas que es suerte, que no se repetirá. Ojalá que el bebé esté bien. Que no sufra al nacer. Que el proceso sea natural, bonito, fluido. Que no haya problemas, que cuando nazca esté sano, que los primeros meses pasen sin sustos, que pueda tenerlo en mis brazos nada más salir al mundo.

Miedo al postparto.

Porque sé lo que me espera. Porque ya he conocido esa sensación de tristeza infinita sin saber por qué y de la culpa por sentirte triste cuando todo está bien.

De lo duro que es hacerte a una nueva persona que depende al 100% de ti. De lo difícil que es perder la identidad, el cuerpo, el sueño. De las hormonas, los malos papeles que nos juegan y que, encima, tienen que ser más fuertes esta vez porque ya hay otro hijo que te necesita.

Miedo a sus atenciones. Las de los dos.

Os lo contaba ayer en este post de Instagram. Sé cuánto te necesita un recién nacido. Pero también sé cuánto me sigue necesitando mi hija de apenas dos años.

Sé que a ella cuando nació le di todo mi tiempo, mi energía, mis ganas y mi amor. Todo. Y siento que no va a poder ser igual con Carlitos. Además, a ella también le quitaré parte de ese tiempo para atender al bebé que no puede vivir sin ti.

Culpa por no poder dividirme, por no poder dar lo máximo a los dos, por poder sentir que me pierdo algo de alguno de ellos o que en algo les estoy fallando.

Miedo al tiempo en pareja.

Tampoco lo tenía en el primer embarazo. «Con lo que nos queremos, no cambiará nada». Ya. No es el amor todo lo que necesita una pareja.

Es el tiempo, el cansancio, las ganas, el trabajo, la casa, los hijos, los cuidados, las responsabilidades… Es todo. Sé que cuesta un mundo sacar minutos de calidad para dedicar atención, amor y cariño que el otro también necesita.

Así que sí, me da miedo pensar cómo pueda afectarnos un miembro más en la familia. 

En general, miedo.

A que las noches empeoren (aún) mucho más. A que los días se hagan demasiado cortos. A que nos pesen las horas y nuestros hijos no reciban lo que merecen. A no poder sacar tiempo para nosotros como personas individuales ni como pareja además de padres. A todo.

Y también… Muchas ganas.

Incoherente. Como todo en la maternidad. Pero resulta que ya llevamos 8 meses siendo cuatro. Que mi mente ya lleva ocho meses siendo madre de dos. Así que las ganas de tenerle en mis brazos, de poder besarle, abrazarle y sentirle con nosotros aumentan a cada día que nos acercamos más a él.

Tengo ganas de vivir esta locura. De enfrentarme a ella con algo que sé que tengo de sobra: AMOR por mi familia.

Sonríe, la vida es eso. Miedo y amor, amor y miedo.

Marta

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