Educar con inteligencia emocional

Educar con inteligencia emocional

¡Buenos días! Hace unas semanas tuve el placer de asistir a una charla sobre cómo educar con inteligencia emocional de mano de la psicólogas de Safari Einstein. Tomé buena nota de todo y quería compartirlo con vosotros, porque me pareció un contenido de lo más enriquecedor como madre (y como persona).

Primero deciros que ellas son psicólogas especialistas en coaching y mediación familiar, y que imparten cursos y talleres en colegios, institutos, másters… Además de la atención individual que se pueda necesitar en algunos casos e incluyendo ahora charlas para adolescentes y adultos.

¿Qué deseas para tus hijos en su futuro?

Esta es la pregunta que abría el taller. La mayoría de nosotros contestamos lo obvio: que sean felices. A partir de ahí, surgieron variaciones como que aprendan de sus fracasos y no se hundan, que sean capaces de afrontar los problemas de la vida, que descubran y desarrollen sus talentos… 

Justo después, nos preguntaron qué hacíamos o nos pasaba frente a una situación con una carga de estrés emocional alta. Todos coincidíamos en que podíamos llegar a perder los papeles, gritar, enfadarnos, ponernos nerviosos… Y que eso afectaba a todo nuestro entorno familiar.

Entonces… ¿Lo que estás haciendo ahora está dotando a tus hijos de las herramientas necesarias para conseguir lo que quieres para ellos en el futuro? Ahí está la clave de la inteligencia emocional.

¿Qué es la inteligencia emocional?

Es la capacidad de reconocer nuestras propias emociones y las de los demás, gestionarlas adecuadamente, motivarnos y, con todo ello, manejar de forma adecuada nuestras relaciones con los demás.

Educar con inteligencia emocional

El primer paso casi siempre es conocerte. Conocer tus emociones, saber cómo estás o cómo te sientes es lo primero que necesitas para aprender a manejarlas a posteriori. Podemos encontrar cinco bases en la inteligencia emocional:

  • Auto consciencia. Para ello será importante aumentar nuestro vocabulario emocional, para saber cómo me siento en cada momento y poder ser consciente de ello.
  • Auto regulación. Y como hemos dicho antes, el poder manejarlas. 
  • Motivación. está muy relacionada con la autoestima y la satisfacción personal que sentimos al conseguir los retos que nos proponemos.
  • Empatía. Darme cuenta de la emoción que yo siento y, además, ser capaz de ver e identificar la que sienten los demás.
  • Habilidades sociales. De todo lo anterior deriva la capacidad de manejar a la vez nuestras habilidades sociales y nuestras relaciones con las personas de nuestro alrededor.

¿Cómo podemos educar con inteligencia emocional?

Dando ejemplo.

“Hijo, ten cuidado por donde caminas. 

Papá, ten cuidado tu. Recuerda que yo sigo tus pasos” 

Es una de las frases que me llevo más marcada del taller. Es fielmente el reflejo de la realidad. Si queremos que nuestros hijos sepan gestionar sus emociones: trabajemos para saber gestionarlas nosotros primero.

A veces las prisas, las obligaciones, el ritmo de vida o la sociedad, nos arrastran a lo frenético, a no tener tiempo para ellos, paciencia suficiente o no pararnos para ponernos un segundo en su lugar.

Siempre debemos llevar el ejemplo por delante de todo. No podemos pedirle que no griten si nosotros les gritamos. Asimismo, demostrarles que nosotros también tenemos días en los que estamos tristes, nos enfadamos o no nos sentimos bien no nos hace más débiles a sus ojos, al contrario, les hace a ellos más fuertes.

Educar con inteligencia emocional

Cuidar nuestra comunicación.

Tanto la verbal y lo que le decimos como la no verbal, cómo actuamos con ellos y como son nuestros detalles y gestos hacia ellos. Es importante “ponernos a su altura”, mirarles a los ojos y prestarles atención de verdad cuando hablamos. Asimismo, debemos intentar no etiquetar ni comparar (en positivo o negativo), si lo necesitamos, simplemente describir su conducta.

Además, debemos aplicar la escucha activa, intentando favorecer con rutinas el momento de comunicación (durante el baño, la cena, los viajes en coche…)

Empatizar.

A veces nos empeñamos en tratar a los niños como adultos y esperar a que se comporten como tales. En lugar de eso, estaría bien intentar entender sus necesidades, aunque eso no quiere decir que las tengamos que satisfacer todas.

Es importante aceptar sus ritmos (diferentes a los nuestros y no por ello menos importantes), aceptarles como son (con sus emociones, virtudes y defectos, sin juzgarlas nunca) e interesarnos por sus cosas, sin menospreciar sus preocupaciones.

Identificar nuestras propias emociones y conocer las de los demás.

Hablarles de las nuestras a ellos es igual de importante que enseñarle a reconocer las suyas. Mamá también se enfada, también esta triste a veces, también se pone nerviosa… Y señalar o explicarle las que ve a su alrededor en personas conocidas, cuentos, películas…

Educar con inteligencia emocional

Jugar con las emociones.

Ahora hay muchos cuentos que nos ayudan a trabajarlas. Además, podemos dibujar caras que expresan emociones, redactar un diario emocional o jugar a imitar emociones con nuestros gestos.

¿Cómo podemos comunicarles afecto?

Poner límites es una de las tareas que más nos cuesta realizar porque parece que nunca encontramos “la justa medida”. Pero el hecho de los límites es tan necesario como el afecto y el apego.

Para ello, desde que son pequeños, debemos promover la autonomía de nuestros hijos y desarrollar su tolerancia a la frustración.

Cuidar de nosotros mismos.

Por último, seguimos con el ejemplo. No debemos olvidarnos de darnos nuestros tiempos de ocio y disfrute, haciendo cosas independientes de la familia… Esto nos ayudará a relativizar la mayoría de situaciones, a darnos espacio y a que ellos lo vean como normal.

Además, de esta forma, podemos tomarnos el día a día con más tranquilidad, compartiendo momentos de calma, felicidad y ocio junto a ellos. Dale tiempo a lo que verdaderamente importa.

Educar con inteligencia emocional

Sonríe, hay mucho más que aprender.

Marta

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