Mamá, no quiero ser mayor.

Mamá, no quiero ser mayor.

“No quiero ser mayor”. Así, sin más, me partió por la mitad el corazón Sofía hace unas semanas. Y, sin embargo, luego es ella la que nos pide hacer todo como los mayores (porque según ella ya lo es), pero ese día, con esa voz, sentí lo que estaba pasando.

Cuando los hermanos mayores son demasiado pequeños.

Desde que me quede embarazada de Carlos hemos intentado involucrar a Sofía en todo. En los cuidados, en las decisiones en las que podía participar… Y desde que el peque está aquí, ella ayuda como una más.

Y sí, todos, sin ninguna maldad, le hemos dicho la frase de “ya eres mayor”. Una y otra vez. Una persona y otra más.

  • “Deja el tete ya, que tu ya eres muy mayor”
  • “Vamos a hacer pipí en el water de los mayores, que tú ya lo eres”
  • “Venga Sofía, ayuda a recoger que tú eres ya la mayor”
  • “Toma, coge esto tu que ya eres muy mayor” o en el embarazo “ve andando que mamá no te puede coger y ya eres muy mayor”.

Éramos nosotros los que la estábamos haciendo mayor.

Porque ya hay otro más pequeño. Porque hay alguien que necesita más. Porque queremos que encuentre su sitio y que todos estemos lo mejor posible.

Pero la estamos obligando a ser mayor, quizá antes de tiempo. Ella ya ha asumido que es la mayor y dice muy orgullosa cuando hace pipí en el wc, cuando duerme sola, cuando se viste sola… Y, además, por culpa de nuestro cansancio y el estrés, si algo no lo hace bien, se nos escapa el “pero Sofía haz esto que tu ya eres mayor”.

Y veo a otros niños de su edad que no hacen tantas cosas, que no son tan “mayores” y me pregunto si, sin querer, la hemos obligado a crecer.

Mamá, no quiero ser mayor

Encontrar el punto medio.

Y así, después de decirme un día, con los ojitos tristes que ella no quería ser mayor, me senté a pensar.

Me dicen que soy muy auto exigente, que me culpo mucho o que soy demasiado perfeccionista con ellos. No me lo tomo mal, para mí es un cumplido. Porque me preocupo por ellos, por mi forma de educarles, por el tiempo y el ejemplo que les transmito. Por cómo van a vivir su vida mientras dependan de mí.

Así que sí, me he sentado a pensar qué estábamos haciendo y qué podíamos hacer para mejorar este proceso de adaptación a una vida de cuatro.

Encontrar su espacio y animarla a ser feliz en él.

Así que ahora estamos intentando mantener esa evolución, esos aprendizajes y esa independencia que yo creo que es buena para su desarrollo, pero de otra manera.

Ya no cogemos la frase de ser mayor como motivación o empuje. Ahora la motivación es lo bien que lo sabe hacer. Lo contentos que estamos por ella, los beneficios que eso le conlleva, lo bien que estamos cuando las cosas salen bien.

Nos está costando mucho la fase de los dos años con un recién nacido, os lo confieso. Estamos trabajando por adaptarnos pero es muy complicado, así que vamos a ir pasito a pasito y trabajando cada pequeño detalle del que nos demos cuenta para mejorar, como padres y como familia.

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Educar y criar no es sencillo, pero podemos dar lo mejor de nosotros mismos.

Fijarnos en los detalles, escuchar lo que nuestros hijos tienen que decirnos, darle importancia a sus emociones, a todas. Y sí, cuestionarnos como padres, no tenemos porque hacerlo todo bien (de hecho, no lo haremos). Porque no es auto exigirse demasiado si nos queremos y nos perdonamos los errores. Es preocuparse por ellos, por el futuro y por la vida.

Sonríe, los pequeños detalles importan, y están en nuestras manos.

Marta

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