Echo de menos el silencio

Echo de menos el silencio

Su risa. Su llanto. Su reclamo: mamá, mamá, vamos a jugar. El llanto del bebé. Su risa también. Sus primeros balbuceos.

El timbre que suena, y el ladrido del perro. Su voz también: «¿Quién es mamá? ¿Quién viene? «El cartero hija, el cartero».

Mi voz, mis explicaciones, mis cuentos, mis conversaciones. Su voz, sus explicaciones, sus juegos, sus rabietas.

Y cuando no está ella, lo demás.

Ahora está en el cole, el peque se ha dormido. Voy a trabajar.

Y mi cabeza funcionando y de fondo me pongo algo de música, que sino me siento muy sola. Porque trabajar sola es muy duro, echo tanto de menos tener compañeros.

Ahora a limpiar. Y un podcast en el móvil. Hombre para este ratito que tengo, nunca esta de más aprender algo nuevo o escuchar debatir sobre algún tema que me gusta.

Y cocinar, vamos al lío. Pero una serie mientras tanto, total, nunca me puedo sentar a verlas. Si no la veo ahora, no veo nunca nada.

Y se despierta el más pequeño, y llegan otra vez.

Oigo su llanto: «Ya estoy aquí mi vida». Y mil y unas canciones porque cuando estas despierto solo quiero hablarte, que sepas de mí, que disfrutes el mundo.

Y llega ella, y más «mamá». Y la tele un rato, «Aunque poco, ¿vale?, pero ponemos un ratito la película». Que siempre se queda de fondo, porque jugar es más divertido, pero ahí está.

Alguna rabieta que otra, mas llanto. Y risas, muchas más risas. Gritos de alegría y otros de frustración.

Entonces llega él, y hablamos. Hablamos mucho de lo suyo, de lo de aquí, como es la vida que no paramos, cómo te sientes que casi ni nos vemos.

Y por la noche, más ruido.

En la ducha música, ¿no dicen que relaja? O algún otro podcast, ¡cuanto aprendo!

Esto sí que es aprovechar el tiempo.

Después de cenar al sofá, ya que se han acostado, ¿vemos algo no? Y voces, sonidos, estímulos. Más ruido.

Echo de menos el silencio. Sin más.

De pronto, hoy me he quedado sin nada. Ella no estaba, él tampoco, el peque dormía. Estaba limpiando, esta vez sin nada en mis oídos.

He escuchado el sonido de los platos y de pronto me he dado cuenta de algo. Dios mío, hay silencio. No hay nada. Para, escucha. Nada.

Que paz. ¿Como no me había dado cuenta antes? Tanto ruido fuera es imposible de soportar aquí dentro. No hay nada que ver, nada que escuchar, nada que aprender, nada que atender.

No hay nada. Y es lo único que quiero.

Porque echo de menos el silencio. Ese en el que te pierdes en lo que realmente eres. Ese en el que, a veces, surgen ideas. Otras surgen recuerdos. Otras sólo vagas entre pensamientos inconexos.

Ese silencio que descarga. Porque no te estas forzando a más. No tienes que escuchar más, aprender más, ser más. Solo tienes que estar aquí. Ahora. Contigo.

Echo de menos el silencio porque me echo de menos a mí.

Ya, me tengo todos los días. Pero no.

Tengo a la madre, la esposa, la trabajadora autónoma , la limpiadora, la estudiante, la perfeccionista, la cocinera, la deportista… pero no me tengo a mí.

Esa que aparece cuando todo está en calma. Esa que estaba antes que ninguna otra. Esa que ha quedado sepultada entre cosas por hacer y sitios donde llegar. Esa a la que estaba ahogando el ruido.

Tranquilos, le he echo un hueco, volverá.

Porque en ese silencio me ha gritado bien fuerte. Y ahora, por fin, he podido escucharla.

Marta.

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