Emociones en mi segunda maternidad

Emociones en mi segunda maternidad

Soy madre. Por partida doble. Todavía me pongo nerviosa si lo pienso de verdad… Aquí están todas mis emociones en esta segunda maternidad.

El embarazo. Las luces y las sombras.

En mi primer embarazo era ignorante. Sí, no me avergüenza decirlo. De casi todo. Fui la primera en mi entorno en dar el paso, no tenía amigas que hubieran pasado por ello, no me informé de nada y aún no conocía Madresfera. Y la ignorancia hace la felicidad.

Después del aborto bioquímico que sufrimos y de todo lo que he escuchado y conocido en estos años, he sufrido mucho más emocionalmente en este segundo embarazo. Ya os conté las diferencias en este post, y sigo pensando igual.

El parto. El segundo mejor día de mi vida.

Sí, tuve una suerte inmensa. Aquí podéis verlo. Todo. Estuve tranquila, estaba en paz. Confiaba en mí misma, en mi cuerpo, en mi capacidad como madre. Confiaba en la vida. Y el parto fue perfecto, tal y como lo soñaba.

Aún me emociono cuando recuerdo cómo saqué a mi hijo de mí y las horas que estuvimos abrazados. Esas primeras horas que creo que nos han unido para siempre.Además no tuve episiotomía de nuevo, por lo que la recuperación fue «muy buena». Dentro de lo que cabe después de dar a luz.

Segundo parto

La vuelta a casa, mejor de lo que esperaba.

Quizá porque tenía ya la experiencia de una primera maternidad, pero los primeros días en casa fueron bastante mejor de lo que me esperaba. Con Sofía, tuve un bajón inmenso a la semana de dar a luz. Estaba feliz, pero no podía parar de llorar.

En este segundo postparto, el bajón emocional tardó más de dos semanas en aparecer. Creo que es cuestión de supervivencia familiar, quizá estaba más centrada en que Sofía estuviese bien, que se adaptase a tener un hermano, estar al lado de ambos… Y me «permití» caer algo más tarde.

Mis emociones desde entonces: desconocidas.

Lo que mejor describe a esta segunda maternidad es una palabra: INTENSA. Sí, la preocupación porque algo pueda pasarle es más intensa, puesto que sé mucho más. Pero la sensación de amarle cada instante porque pasa rapidísimo, también lo es.

  • Estoy aprovechando mucho más mi día a día con él. Con Sofía también lo hice, pero no era consciente de lo mucho que echaría de menos estos momentos. El ser primeriza te hace «no ver» ciertas cosas que, con los años, se hacen visibles.

Bimaternidad

  • La relajación de la experiencia. Todo es MUCHO más sencillo. Sé como hacer las cosas y como no hacerlas. Y, lo que más he notado, no necesito consejos de nadie. Antes me sentía insegura de todo cuanto tenía que ver con ser madre, ahora sé que nadie mejor que yo sabe cómo tratar, educar y criar a mis hijos.
  • La lactancia está siendo mucho más relajada. En mi primera lactancia también era ignorante. Dudaba de mí misma, de mi capacidad de amamantar, de si le estaba alimentando bien… Ahora estoy segura de mí y de él. La estoy disfrutando muchísimo más.
  • El colecho está resultando maravilloso. En mi primera maternidad le tenía pánico. Y, al final, era agotador tener que levantarme a darle el pecho de noche. Además, dormía mucho más inquieta por si no la escuchaba. Ahora le tengo al lado, le huelo, le vivo y le escucho pronto, dándole el pecho siempre que quiera sin presiones y con más descanso.

Colecho y lactancia materna

  • No me agobia la dependencia. Sí, la primera maternidad me dio eso. Me sentía a veces superada porque un ser humano pequeñito me necesitase tantísimo. Ahora no. Sé que esta época de dependencia total pasará. Que es solo temporal. Que lo echaré de menos. Ahora no me molesta no salir sola, no poder moverme en horas o tenerle siempre encima. Es más, lo disfruto.
  • Le abrazo, beso y acaricio siempre que puedo (y más). Sigue teniendo que ver con lo rápido que pasa todo. Sé que dentro de nada, no tendré a Carlos tan bebé. Sé que me va a dar un vuelco el corazón cuando se vaya haciendo mayor. Sé que todo pasa, y quiero grabarlo para siempre en mi mente.
  • Cuando le veo con Sofía, me siento la mujer más afortunada del mundo. Obviamente, todos los sentimientos de «bimadre» son nuevos. Y son la cosa más maravillosa que podía sentir.

Hermanos

  • A veces he sentido más culpa que con Sofía. ¿Le estaré atendiendo lo suficiente cuando estamos con ella? ¿Necesitará algo que no le esté dando? ¿Está recibiendo el mismo trato que ella cuando nació? Preguntas inevitables pero ante las que siempre trato de contestarme lo mismo: estás dandole lo mejor de ti en este momento.
  • El cansancio es mucho mayor y el tiempo mucho menor. He tenido que aprender a gestionarme aún mejor que antes para poder trabajar y criar como yo quiero, al 100%. He adaptado mi situación en todos los aspectos y estoy sacando adelante mi vida como puedo.
  • Me siento capaz de todo. El empoderamiento en esta segunda maternidad ha sido BESTIAL. Sin más.

Familia

Lo negativo: el duelo de mi maternidad.

Sí, como lo habéis leído. También está siendo una época de duelo para mí.

Creo firmemente en el «nunca digas nunca», pero de momento no creemos que vayamos a tener más hijos. Principalmente, por seguridad económica y por algo de miedo. Tenemos dos hijos sanos y sabemos la fortuna que es. Pero se me saltan las lágrimas al escribirlo. No porque no esté feliz, para nada. De hecho, mi familia me parece perfecta. Tal cual, no podría pedir más.

Pero el hecho de pensar que no volveré a tener un hijo dentro de mí, duele. El hecho de no volver a sentir todo esto, duele. El hecho de saber que esta etapa de mi vida se puede estar terminando, duele. Duele mucho, y así me permito sentirlo.

Es una etapa vital, para mí la más importante. No quiere decir que las que vienen sean menos bonitas, ni de lejos. De hecho, creo que los años más bonitos de mi vida están por llegar. Cuando los niños vayan creciendo, vayamos disfrutando la familia completa, vayamos viviendo más cosas. Pero el cerrar puertas duele en lo más profundo.

La maternidad me cambia, y me gusta el cambio.

Por último, deciros que en cada maternidad he sentido que me he convertido en una mujer distinta. Ambas me han removido cosas diferentes y me han hecho sentir cosas distintas.

Pero en ambas me he sentido cambiar a mejor. He sentido que la evolución era positiva, que el cambio me traía cosas buenas y que en lo que me convertía, solo me traía ser mejor persona.

Ahora me quiero más, porque sé que si me quiero, les doy a ellos otra dosis de enseñanza. Sé que si me cuido, les estaré cuidando mejor. Y si me siento fuerte, segura y feliz, así serán ellos el día de mañana.

Bimaternidad

Sonríe, segundas partes a veces fueron mejores.

Marta

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