Un año de ti.

Un año de ti.

Aún no me creo que esté escribiendo esto. Un año de ti. ¿Cuándo han pasado 366 días?

Recuerdo cuando empecé a tener la certeza de que era tu momento. Recuerdo el dolor como algo que ya conocía, algo que no me asustaba. Recuerdo como paseaba de un lado a otro, pensándote, intentando que las horas pasaran a tu favor.

Tengo lagunas de esas horas. Me pierdo entre contracciones, olas de calma y risas con papá. Pero recuerdo que estaba en paz, conmigo, contigo, con nuestro dolor.

También recuerdo cuando eso pasó. Y cuando solo quedó emoción. Sólo quedó la emoción de sentir como empujabas, como cada vez faltaba menos. Las ganas de ayudarte a salir, de ayudar a mi cuerpo, de dejarme las fuerzas por ti.

Todavía puedo cerrar los ojos y sentir el frío del paritorio. El metal, las luces. Puedo sentir cada pujo que nos separaba y acercaba a la vez. Puedo notar a mi cuerpo tenso, en cada centímetro de mí, dando todo lo que podía porque salieras pronto, salieras bien.

Un año de ti

Ese momento, cuando dejamos de ser uno

Jamás se me olvidará el momento en el que la matrona me dijo que podía cogerte. Podía sacarte. Ese en el que te sujeté, por los hombros, con miedo de que no te escurrieras.

Que escuché tu llanto, vi tu carita y te subí a mi pecho. Puedo transportarme a ese lugar, a las palabras que le repetía a papá una y otra vez “Ya está, ya está Carlos, ya está aquí”. Al olor, a la temperatura de tus primeros segundos en el mundo, a tus manitas buscando ese confort que llevaban nueve meses encontrando en mí.

No nos separamos. Quizá eso marcó ese vínculo que, a día de hoy, sigue estando. Esa forma de ser tuya, inseparable de mí.

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Y recuerdo los primeros días

Y fascinarme con el hecho de quererte sin medida. La ternura que me provocaba mirarte. La dulzura que tenía tu gesto. Lo pequeño que te veía. Los días y días porteandote. 

Recuerdo que casi nadie te cogía. Tu hermana se llevó mucha atención, ya que tu llegada también ponía su mundo patas arriba. Entre eso y tu demanda de pecho constante, creo que en los primeros meses no pasamos más de quince minutos distanciados.

Conmigo. Siempre conmigo. Contigo. Siempre a tu lado.

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Un año. Un año de aprender, crecer y caer.

Qué año más complicado. Qué difícil ha sido adaptarnos. A la vida de cuatro, al cambio en nuestros empleos, a tratar de daros todo. A vivir con otra parte de mi corazón fuera del cuerpo. A ti. A mí.

Pero luego has puesto tan fácil el amarte sin medida. Con esas carcajadas que das cuando jugamos. Con tus sonrisas para Sofía, tus abrazos a papá y tu forma de buscarme esté donde esté.

Eres inteligente, intrépido, divertido, fuerte, ágil, curioso, un poco bruto y muy, muy, muy dulce. Eres todo lo que podíamos imaginar, pero aún mejor.

Que la vida te regale muchos años llenos de amor.

Porque espero que consigamos transmitirte esto que sentimos. Que el amor, siempre, siempre, es la respuesta. Da igual cuál sea la pregunta.

Te queremos Carletes. Mucho.

Feliz primer cumpleaños mi vida,

Mamá.

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