Disciplina positiva: cómo te sentirías tú

Disciplina positiva: cómo te sentirías tú

¡Buenos días! Hoy os quería dejar un breve resumen (porque fue tan maravilloso que me extendería), del taller de disciplina positiva al que tuve la suerte de acudir en el centro de ecografías Gutenberg en Málaga.

Centro gutemberg

El taller fue impartido por Sandra de Alesanes Cantabria, y lo que más me llamó la atención (a diferencia de otras charlas a las que he acudido), es que era un taller completamente vivencial. No sólo nos explicaron en qué consiste esta forma de crianza y educación, sino que nos hicieron experimentar nosotros mismos muchas situaciones a las que nos enfrentamos con nuestros hijos.

¿Qué te pone nervioso de tus hijos? ¿Cómo quieres que sean en un futuro?

Empezamos relacionando las características que todos soñábamos para nuestros hijos en un futuro: educados, cariñosos, felices, divertidos, luchadores… con las características o situaciones que nos ponen tensos en la actualidad: las faltas de respeto, la impaciencia, desorden, que no nos escuchan…

El camino desde lo que hacen ahora hasta cómo serán, no solo lo marcan ellos. Lo marcamos nosotros con NUESTRA actitud frente a lo que ellos hacen. Recordemos la gestión emocional.

No están solos, y la educación que les proporcionemos podrá ayudarles a ser de una forma u otra. No se trata de culparnos cuando algo salga mal, se trata de responsabilizarnos de nuestros actos y el peso que pueden tener en ellos.

Gestión emocional

Disciplina positiva, empieza poniéndote en su piel.

Quizá lo que siempre se nos olvida es precisamente lo primero que nos enseñaron. Juntos, leímos varias frases que los supuestos «padres» decían a sus hijos con diferentes estilos de crianza: autoritario, permisivo, pasota…

De esta forma, nos pusimos en la piel de nuestros hijos. ¿Cómo podemos hablarle mal si queremos que en el futuro sea capaz de comunicarse con cariño a los demás? ¿Cómo pretendemos que sea pacífico si utilizamos el «cachete a tiempo? A veces basta con mirar desde sus ojos para saber cómo le estamos haciendo sentir con nuestros actos.

Respeto. La palabra más repetida.

E hizo hincapié en varios tipos de respeto:

  • El respeto por ti mismo. Por cumplir lo que dices (no seguir el «haz lo que yo diga pero no lo que yo haga»). Para ello también define tus prioridades, qué es más importante o innegociable para ti como padre/madre.
  • Respeto por el niño. Empatizando con sus sentimientos, anticipándonos cuando le conocemos a lo que puede desencadenar un problema, preguntarle, escucharle, preocuparnos por él… Y no juzgarle ni compararle con nadie más.
  • Respeto por la situación. Adecuarnos a sus necesidades biológicas, hacer partícipe al niño de la situación, enseñarles a medir el tiempo.

Cómo podemos empezar a entender la disciplina positiva.

Intentemos ser respetuosos y firmes. No consiste en ser autoritario, pero tampoco en ser siempre permisivo. Ser firmes es importante en cuanto a su desarrollo y a su crecimiento en una sociedad con más personas, con sentimientos, respeto y normas que deben cumplirse.

No tengamos un sentido de pertenencia con los niños. Nos creemos que son nuestros, que por eso podemos gritarles, tratarles mal o hacer lo que queramos. No es así. Son personas, individuales e independientes, y merecen el respeto total de todos, mucho más de su padre/madre.

Nosotros somos los adultos, anticiparnos a las situaciones que sabemos que pueden crear conflictos es la base para poder mejorar nuestra relación con nuestros hijos. Además, cuando se produzcan rabietas o conflictos, solo tenemos que acompañarles en esa frustración. Igual que cuando la sentimos nosotros, validar su sentimiento y acompañarles.

Disciplina positiva

El diálogo es fundamental. Hacerles partícipes de lo que vamos a hacer y cómo lo vamos a hacer para que no sientan que pretendemos «engañarles» o que nos da igual como se sientan. Ellos son parte de la familia y deben sentirse escuchados, respetados y tenidos en cuenta a la hora de convivir.

Educarles en la responsabilidad de sus actos.

Decir no a los castigos, pero sí a las consecuencias. No se trata de permitirles siempre cualquier cosa sin más, pero el castigo se ha demostrado que no tiene eficacia sobre los niños para obtener mejores resultados.

La diferencia entre castigo y consecuencia es que el castigo no está relacionado con la acción que están llevando a cabo. Por ejemplo, castigarles sin ir al parque porque no recogen los juguetes no tiene ningún sentido para el niño. Solo entiende que le estamos haciendo daño al quitarle algo que él quiere con intensidad porque no hacemos lo que nosotros queremos.

Las consecuencias son acciones que ocurren porque no aceptan y no llevan a cabo sus responsabilidades. De esta forma saben que «la vida» ocurre de una forma u otra según actuemos, y que podemos hacer las cosas mejor para cambiarlo. Si no recogen sus juguetes, estos se guardarán unos días y no se utilizarán, porque no recoger tiene esas «consecuencias».

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Eso sí, siempre hablaremos con ellos antes sobre cuales son sus responsabilidades y cuales las consecuencias de no cumplirlas. Es muy importante que sepan qué esta pasando, que se sientan implicados antes de tiempo.

Lo más importante: no te auto castigues.

Esto parece «muy sencillo». Tenemos muchas cosas que mejorar, descubrimos que llevamos tiempo haciendo las cosas mal, que puede perjudicar a nuestros hijos, que no habíamos caído en ello… Tranquilo.

Todos tenemos fallos. Si estás leyendo esto o aplicando alguno de los puntos anteriores, estás tratando de mejorar. Si estás tratando de mejorar, es suficiente. El cariño, el amor y el aprendizaje tampoco finaliza nunca para los padres. Sé amable contigo mismo.

Centro Gutemberg

Dime, ¿conocías la disciplina positiva? ¿La sueles poner en práctica en casa?

Sonríe, sobran motivos.

Marta

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